Hace pocos días regresaba en el micro desde San Miguel a Surco y no pude evitar, en medio del trafico y el caos típico de Lima, contemplar el desolador panorama que presentan muchas de nuestras casonas republicanas que hoy yacen perdidas en medio de los nuevos rascacielos y toda esta ola de modernidad que hoy arrasa con la historia y la cultura de distritos tan emblemáticos de Lima como San Miguel y el Balneario de Miraflores. Aunque muchas de las casonas que ahí se encuentran no datan de épocas coloniales, sino de épocas mas recientes, incluso del mismo siglo XX, estas sin embargo poseen una arquitectura que destaca y embellece muchos rincones de nuestra capital. El caso del distrito de Miraflores se hace muy particular, ya que es notorio el contraste entre una vieja casa republicana de los años treinta, desde luego en un pésimo estado de abandono, al lado de un moderno edificio que data del dos mil para adelante. Nadie aquí esta en contra del progreso ni mucho menos del desarrollo urbano que estos nuevos rascacielos pueden conllevar, sino por el contrario, mas que criticar la construcción de tantos edificios los cuales creo necesita toda ciudad para poder crecer sostenidamente, se critica el abandono de muchas de estas casonas sobrevivientes a este profundo cambio que ha vivido nuestra ciudad en los últimos años y las cuales mas que continuar siendo derrumbadas deberían ser restauradas y utilizadas tanto por la población civil (ya que son muy espaciosas) o sino como oficinas o lugares de recreación cultural. Y sobre todo que si el problema que hoy en día ocasiona la construcción de edificios es precisamente la falta de espacio, ¿Por qué no transformar estas casonas y hacerlas habitables y productivas entonces?
Creo que es muy importante que desde ahora se lancen campañas tanto de las municipalidades como desde el gobierno central para elaborar un padrón extensivo de casonas republicanas las cuales simbolicen cultura, tradición e historia y se promueva su restauración o venta para un uso público o privado (que no incluya su demolición). De esta manera, pienso yo, se podrá conservar nuestra historia y así evitar catastróficos sucesos como la demolición de la histórica casona Marsano para construir un centro comercial, poco de mi agrado, en el mismo lugar. Una casona como la Marsano que pudo haber sido un esplendido hotel, restaurante, embajada, etc; fue demolido para construir un inmenso cuadrado amarillo. Es aquí donde surge la siguiente idea de incentivar un patrón de construcción para edificios en los cuales estos conserven ciertos rasgos históricos que a la vez se combinen con el estilo moderno de hoy en día y así den paso a una nueva fusión, tomando en cuenta que nuestro país se a caracterizado toda la historia por sus originales mixturas y mezclas culturales e históricas. ¿Por qué imponer una sobre la otra, no seria mejor crear una nueva tendencia de equilibrio? Esta idea se la dejo a quienes en sus manos se encuentra el futuro arquitectónico y cultural de nuestra ciudad, espero ellos estén tan preocupados en el tema como me encuentro yo, y así se tomen pronto cartas en el asunto.
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Gucci